Thursday, April 07, 2005

¿Y ahora qué?

El PRI y el PAN han consumado el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, realizando así un fraude electoral anticipado para decidir los resultados de las elecciones presidenciales de 2006 desde una oficina, la oficina de la residencia presidencial de Los Pinos.

Los mexicanos, dentro y fuera del país, tenemos la responsabilidad, la responsabilidad patriótica, diríamos, si la palabra patriotismo no hubiera sido contaminada frecuentemente por los más bajos intereses de quienes consideran la política como negocio, de pasar a la acción. Dentro de la legalidad, de manera absolutamente pacífica, sin caer en las provocaciones que seguramente vendrán, con la serenidad de quien sabe que tiene la razón, la ley, la justicia y la historia de su parte.

La lucha no es por Andrés Manuel López Obrador, ni por el Partido de la Revolución Democrática. Creer eso es hacerle el juego a quienes han tejido este proceso absurdo. La lucha es por el derecho de los mexicanos a hacer efectiva la democracia en nuestro país, derecho que nos ha sido continuamente conculcado, reprimido cuando no arrancado desvergonzadamente.

Por ello, esta lucha implica a todos los mexicanos bien nacidos, independiemente de su ideología y de cualquier otra consideración que no sea el ser nosotros, mediante el voto libre, quienes decidamos el rumbo que debe tener la nación.

Es una lucha de información, de leyes, de movilizaciones pacíficas y legales, de llegar a los medios de información en todo el mundo, de atraer los reflectores de la opinión pública internacional hacia la corrupción política máxima del actual gobierno, que pretende continuar la línea autoritaria de esa "dictadura perfecta" que tan bien sirvió al PRI como sirve hoy al PAN.

Donde quiera que estemos, los mexicanos tenemos la responsabilidad de hacernos oir, ante los medios de comunicación de los países que nos han recibido, ante las legaciones, embajadas y consulados mexicanos, ante quienes nos rodean.

Luchamos, como si fuera el siglo XIX o principios del XX, por el derecho a un sufragio efectivo y a una democracia y un proyecto de nación decididos en libertad por la mayoría de los ciudadanos. Cualquier otra lucha que tengamos es secundaria, porque en esta va nuestra dignidad.

Es hora, pues, de serenamente emprender el esfuerzo por recuperar nuestra nación, nuestra voz y nuestros derechos. No mañana, hoy.

3 comments:

Luisdc said...

Hay un sentimiento de agravio muyt fuerte en la gente.
Por otro lado,se de muy buena fuente que ni siquiera el particular que se ostenta como dueño del Encino, ha demostrado fehacientemente su propiedad. Este terreno se encuentra en litigio desde hace muchos años.Lo reclama aparte un individu ed nombre Mayolo Soto, que ostenta titulos de propiedad del siglo xix.
El particular que se amparò es un conocido traficante e invasor de terrenos.

Toño Malpica said...

Y es que...
No se supone que debía ser así.
Se supone que ya estábamos en la democracia.
Eso nos dijeron.
Y eso vimos.
Ganó la oposición porque así lo quisimos.
La mayoría, es decir.
Y la gente lo celebró. La gente lo vivió contenta.
Fue mi ciudad una fiesta.
Por primera vez nos gobernaba uno que nosotros
pusimos.
Y por primera vez nos respondía como siempre quisimos.
La mayoría, es decir.
Y nos rendía cuentas, se asumía como mandatario,
no como dictador.
Y fue mi ciudad una fiesta.
Eso era la democracia. Eso nos dijeron.
Y eso creímos.
Porque lo vimos. Y lo vivimos.
Y así era mejor.
Y fue bueno mientras lo tuvimos.
Porque un día entre los días,
por la razón de un supuesto agravio,
nos lo arrebataron.
Un día entre los días se lo llevaron.
Sin explicaciones. Sin razones.
Los dictadores no dan explicaciones.
Los dictadores no saben de razones.
Que había puesto un camino donde no debía,
dijeron.
Que había desobedecido a un juez,
dijeron.
Que había pasado por los derechos de un particular,
dijeron.
Y en cambio el dictador pasó por encima de los derechos
de toda una ciudad.
De nosotros.
La mayoría, es decir.
Y nadie le dijo nada. Nadie le pidió justificaciones.
Los dictadores no saben de eso, de razones.
Ni de explicaciones. Ni de nada.
Y es que no se supone que debía ser así.
Porque nadie nos preguntó a nosotros.
La mayoría, es decir.
De mi ciudad, que era una fiesta, es decir.
Y lo malo.
Lo malo, digo.
Es que de veras lo creímos.
La democracia, pues.
Eso nos dijeron.
Eso nos vendieron.
Y eso les compramos.
Y de eso comimos y soñamos,
mientras duró.
Mientras duró, claro.
Porque un día entre los días, se lo llevaron.
Y en los ojos no quedó ni el llanto.
El azoro y el vacío.
El estupor.
Nuestro sueño no dio para tanto.
El nuestro, se entiende.
El de todos.
La mayoría, es decir.
El de mi ciudad, que ya no baila y que me duele tanto.
Que así vamos a estar mejor,
dijeron,
que no sabemos lo que queremos,
dijeron,
que somos niños tontos, mudos, lerdos,
dijeron.
Y lo malo.
Lo malo, digo.
Es que de veras se las compramos.
La democracia, pues.
El sueño, pues.
Que no se supone debía ser así.
La desilusión. El desengaño.
NO se supone debía terminar así.
El trago amargo.
Eso es lo malo.
Ahora qué hacemos con tanta risa, con tanto canto.
Eso es lo malo.
Eso, digo. Eso es lo malo.




Un abrazo al alumno más chiquito de Guillermo Prieto,
mi carnal en España.

Saludos
El Cabo.

Democrata said...

Viva si se le pudo desaforar...

Varios mexicanitos contentos...

No necesitamos otro dictador...

Ni falsas esperanzas...